Vol. 4 Núm. 1-2 (2020): Homenaje a la Dra. María Águeda Méndez

Viva presencia de María Águeda Méndez
María Dolores Bravo Arriaga
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Los recuerdos afectivos se registran más por las evocaciones que por las remem-branzas de una línea temporal. “La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos” de acuerdo con Cicerón, y María, en mi temporalidad actual, ejemplifica de forma perfecta esta sentencia.
Creo que la conocí en el Archivo General de la Nación (AGN), en los ochenta, en el proyecto de rescate de escritos prohibidos por la Inquisición que ella coronó de una forma tan exitosa y académicamente seria y profunda en el Catálogo de Textos Marginados Novohispanos que es indispensable para la investigación en fuentes di-rectas de la época virreinal. No sólo eso, el catálogo también obliga a profundizar en la vida cotidiana y en la influencia de la Iglesia Católica en la mente y existencia de los ciudadanos [...]
Nuestros intereses académicos comunes se empezaron a cimentar cuando las dos trabajábamos en el AGN, lo cual fue sólo el inicio de una serie de afinidades laborales que nos llevaron a colaborar en numerosos proyectos, tanto en el magisterio como en la investigación. Ambas compartimos nuestra “pasión” por el austero sacerdote jesuita Antonio Núñez de Miranda, quien desde su época fue célebre por ser un severo confesor de virreyes, arzobispos y otros altos funcionarios, y de su confesanda más célebre, sor Juana Inés de la Cruz. María y yo hicimos nuestras tesis doctorales sobre Núñez y esto refleja la obsesiva fascinación por este intransigente personaje que nos resultaba tan atractivo. A lo largo de la escritura de mi tesis doctoral, María siempre me acompañó y generosamente me compartió todo lo que había investigado sobre Núñez. Sin su ayuda en todo el proceso, al darme constantemente ánimo desde una forma fraternal y al mismo tiempo tan severa que me evocaba al padre Núñez, el llegar al examen doctoral me hubiera sido prácticamente imposible. La venganza fue dulce y algún tiempo más tarde los roles se invirtieron, pues fui yo quien la acosó sin tregua para que terminara exitosa y espléndidamente su propia tesis doctoral [...]
María siempre será mi Gurú o Guru, como le decíamos cariñosamente mis hijos y yo. En la memoria, ella será mi guía cercana en lo afectivo, en lo académico y en lo vital.