Núm. 22 (2023): Viaje a la literatura italiana: homenaje a Filippo La Porta

Borges sabía que existe “la página de la que ninguna palabra puede ser alterada sin daño”, y, sin duda, el lector que se adentre en el presente número de Inundación Castálida encontrará ejemplos de esas páginas entre los escritores italianos y mexicanos que hemos reunido para celebrar a Filippo La Porta en ocasión de haber cumplido sus setenta años de vida, lo cual nos da pabilo para celebrar su trayectoria como intelectual, como singular crítico militante.
No sin daño, decimos, porque en las tres secciones principales ofrecemos traducciones: aproximaciones, interpretaciones a partir de un pensamiento –que es palabra– del autor. No un daño en su acepción de perjuicio propiamente dicho, dado que para esta ocasión contamos con traductores de probada confiabilidad, sino por esos insalvables resquicios que quedan al llevar la palabra de una lengua a otra aun cuando sean lenguas hermanas, como es el caso del italiano y del español: romances, hijas del latín. La página traducida –por continuar con Borges tomando como referencia de interpolación su noción de página perfecta– “es la más precaria de todas” no tanto por una posible “incapacidad de atraer [y de producir] una superstición del estilo” en su escritura original, sino porque en esos resquicios idiomáticos es donde tenemos oportunidad de dejar alojarse una forma del misterio que nos enlace en las ideas y en los sentires.
Todavía poco conocida en nuestro país, y para ello Inundación Castálida aporta su granito de arena, la obra de Filippo La Porta y la de la veintena de escritores italianos que lo acompañan, en cuanto contemporáneos en estos hic et nunc que compartimos, resultan no sólo entrañables por la calidez y la belleza de su escritura sino a la vez por considerarla necesaria para los lectores de nuestra revista, incluso para todo lector, cualquiera que sea su lengua, dispuestos a que no les sean otorgadas ciertas concesiones facilonas y puedan ir formándose en sí mismos un verdadero sentido crítico y ponerlo en práctica –o ejercerlo, según se vea– en cada aspecto de la vida cotidiana, que nos atañe a todos, como diría La Porta. Y para aquel lector que ya tenga formado su sentido crítico, leerlos será una confirmación pero también una confrontación, tan sana para ejercitarse y mantenerse en forma.