Vol. 5 Núm. 20 (2022): De homenajes y generaciones

Hace poco más de cuarenta mil años, los neandertales comenzaron a enterrar a sus muertos. En Catal Hüyük, Anatolia, uno de los asentamientos urbanos del neolítico mejor conservados, se descubrió que los cuerpos de los familiares fallecidos eran metidos en cestos o envueltos en esterillas y enterrados justo debajo de las habitaciones principales de sus casas.
Desde luego, otras especies animales reaccionan ante la muerte de uno de sus semejantes, o de sus cuidadores o dueños en el caso de los animales domésticos. Como todo el mundo sabe, incluso la re-sienten. Sin embargo, se cree que uno de los rasgos que nos distinguen de los demás animales es que los humanos honramos a nuestros muertos con complejos rituales. Algunos investigadores atribuyen las honras fúnebres al surgimiento de la conciencia de la muerte, así como de las creencias religiosas. Sea de un modo o de otro, nunca hemos dejado de hacerlo desde entonces, y ya no sólo nos conmueve la muerte de uno de nuestros familiares y amigos, sino también lamentamos la de aquellos hombres y mujeres que nos han ayudado a entender nuestra condición, la de quienes han contribuido a nuestra formación en cualquiera de los aspectos de la vida aun cuando no los hayamos conocido en persona.
Por ello, el presente número de Inundación Castálida está dedicado a aniversarios, algunos de los cuales conmemoramos el pasado 2021 y otros que están siéndolo en 2022. Y puesto que se trata de la vida y sus ciclos, no sólo celebramos acontecimientos dichosos sino también rendimos homenaje a quienes han partido.